Junto a Miguel Ángel, casi todos sus contemporáneos resultan pobres. Y por supuesto, de un modo u otro, todos recogen algo de su influencia, aunque las formas poderosas y tensas del maestro se disuelvan en el arabesco elegante, idealizado y conceptuoso del manierismo cortesano. En Roma, en la segunda mitad del siglo, solo encontramos modestos artesanos desalumbrados por la grandeza de Miguel Ángel, que imitan pobremente. En Florencia, en torno a la refinadísima corte de los Médicis, ya duques de Toscana, se crea un círculo de exquisita elegancia, con un refinamiento lineal notable. Algunos escultores pueden considerarse marcados por la potencia muscular miguelangelesca, como Baccio Bandinelli (1493- 1560),autor de un Hércules y Caco gigantesco, y de unos bellos relieves de los Apóstoles de la catedral de Florencia, o Ammanati (1511- 1592) autor de la Fuente de Neptuno, de mármol y bronce, de la plaza de la Signoria. Otros, más personales, rehuyen las formas macizas y cultivan la elegancia lineal, con formas más esbeltas, fusiformes y vueltas sobre sí mismas, en una silueta helicoidal (de forma “serpentinata”) que ya había usado Miguel Ángel para expresar la angustia o la pasión, y que ahora se hace puro juego lineal. Benvenuto Cellini (1500- 1574) orfebre extraordinario y maravilloso fundidor, hizo el Perseo (1545) para el duque Cosme. Juan de Bolonia (1529- 1608), franco- flamenco de Douai, establecido en Italia desde muy joven, realiza una obra muy variada, con esculturas para jardines, de carácter fantástico y clásico, mármoles severos de clásica belleza un tanto fría (Rapto de las Sabinas) y bronces de refinada perfección (Mercurio, del Museo Bargello). Cultivó también la escultura ecuestre que, por su serenidad y realismo, marca el tránsito hacia las formas del primer Barroco, y tuvo un enorme éxito europeo. En otra partes de Italia destacan artistas como Jacobo Sansovino (1486- 1570), florentino de nacimiento, que en Venecia deja obras de equilibrio y perfección notables, o el milanés León Leoni, broncista de gran calidad que, por su vinculación a nuestros Carlos I y Felipe II y la larga presencia en España de su hijo Pompeo, ejerció influencia definitiva en la escultura española.